EL SINDROME DEL ODIO

En un grupo de WhatsApp fui testigo de un nuevo altercado sin sentido y con consecuencias muy negativas para el colectivo al que pertenezco, por fortuna, somos más los que logramos contener el incidente, y no salió del chatear, pero es algo que invita a la reflexión y a tomar medidas por el bien de todos.

Lamentablemente es algo cada vez más frecuente, parte de la crisis por la que pasamos todos los que venimos de Venezuela, hablo del síndrome del odio. No es un caso aislado, se ve mucho entre quienes migran a otro país escapando de guerras y dictaduras, y si bien es algo comprensible por las penurias vividas y lo difícil que es adaptarse a un entorno diferente, a dejar atrás en muchos casos una buena vida, un negocio, o una profesión, lo cierto es que solo deja aflorar lo peor de la naturaleza del gentilicio.
No tiene sentido que interceptemos a alguien y le acusemos a gritos de traidor, es terrible que se le persiga y se le acose por el mismo motivo. ¿Qué ganamos haciendo algo así?

Ganamos afianzar la mala fama del latinoamericano por buscar problemas, de violento, ruidoso, grosero y de poco fíable. Ganamos que le despidan de su trabajo o le boten de su alquiler, pero también nos cierra la puerta a nosotros a esos trabajos y a una vivienda digna. Ganamos exponer a nuestros hijos al bulling, a que la gente nos tenga más desconfianza… ¿Eso es ganar?

Pongamos la cabeza fría y veamos algo que aunque duela, no es más que la realidad: Migramos, ya no vivimos en nuestro país, por lo tanto debemos hacer vida en un entorno con sus propias miserias y problemas, aquí el que te da trabajo no le va a importar si eres chavista u opositor, lo que le va a importar es que cumplas con tu trabajo y no des problemas. Aquí te vas a conseguir probablemente con la mala suerte de no encontrar trabajo en tu profesión, deberás trabajar en esos sectores que nadie quiere, ganando poco, trabajando mucho y con 50 o 100 como tu, esperando su turno.
Al que vive aquí poco le importa tus estudios, tus logros y tu inclinación política, ya sabe que no es la suya, que hablas diferente, que eres diferente y que vienes de un país al que no puedes regresar, al menos por un largo tiempo.

Les invito a la reflexión, a sanar ese odio, que solo trae problemas y cierra puertas y ventanas, las comunidades de tu país están abiertas para ayudar y sanar esas heridas, para que busquen un poquito de calor de hogar y para ayudarnos a destacar las cosas buenas de nuestro gentilicio. No nos pidan que les apoyemos en perseguir y castigar, las cacerías de brujas se terminaron allá por el siglo XVIII y murieron muchos inocentes en nombre de la justicia…

La justicia llegará y pagarán lo que deban pagar, no hagamos más difícil su llegada, vivamos en paz, ahora es momento de unir fuerzas para salir adelante y atender otras realidades que son, mas actuales, mas urgentes y con las que tendremos que vivir en adelante.

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