Con Vargas en el Corazón y en la Memoria

Este 15 de diciembre pasado fué una fecha que para mi no pasó desapercibida.

Ya han pasado 20 años desde aquel 15 de diciembre de 1999, en la que perdimos miles de almas bajo el barro y las piedras. En ese entonces yo era una ilusa, alguien bastante ingenuo, con romance en la cabeza, y cero capacidad crítica… A partir de ese 15 de diciembre el mundo cambió para mi. Los días que vinieron después fueron un despertar a una realidad que no me gusta; una realidad social, económica y política que dista mucho del ideal de cualquiera con sentido común.

Fueron días duros, incluso para quienes, gracias al cielo, no nos tocó vivir lo más feo. Para mi después, eso de bajar a la playa ya no fue lo mismo, dejando a un lado lo terrible, destaco lo bueno que se aprende de situaciones así:

  • El respeto y la admiración por los bomberos, medicos, personal sanitario y de rescate.
  • Saber que con voluntad y ganas de ayudar puedes marcar la diferencia.
  • Que los héroes son quienes menos te imaginas, y que, los mejores son aquellos que no se dejan retratar.
  • Que los títulos y cargos de poco valen si lo que necesitan es una mano para mover escombros y salvar vidas.
  • Que en momentos así la creatividad fluye y que el «no puedo» es solo un límite que te diste por miedo.
  • Que si lo que quieres es retratarse pero sin ensuciarse, para que vean lo preocupado que estas, mejor ni aparezcas…

Yo perdí amigos y conocidos en Vargas, no se me olvida el listado de desaparecidos de la universidad y el de mi trabajo; recuerdo claramente el alivio de ver a quienes aparecían vivos, el pesar de saber a quienes no.

Aún recuerdo los arañazos en la montaña donde la tierra cedió, o la llanura de barro y rocas gigantes donde una vez hubo una urbanización… Ni hablemos lo que la tierra le ganó al mar, cambiando la línea de costa…

Donde vivo ahora es difícil que pase algo así, sin embargo, que llueva tanto y por tanto tiempo aun me asusta…

A Vargas la llevo en la memoria, esos días me enseñaron que, era solo el comienzo de lo malo que estaba por venir después, me hizo madurar y tomarme en serio las cosas, afianzó mis valores, me mostró, lo que es importante y lo que no lo es… Aprendí a ser mejor persona.

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