Una Navidad Diferente…

Ya se nos fue la fiesta del Magosto y el Samaín, ahora lo que viene, según calendario, es Navidad, Año Nuevo y Reyes… Con la que nos ha caído, honestamente, ambiente festivo no hay, ni que alumbren las calles como si fuera Vigo o las Vegas.

Tengo años sintiendo que la magia se diluyó, ya no me huele a navidad y las ganas de decorar no son las de antes. Decoraré porque hay niños en casa y no quiero que pierdan la ilusión, formando parte de la familia Grinch.

Prometo hacer el momento del decorado en casa un juego, el día de navidad hornearemos galletas para tropecientos y prepararemos algo rico, guardo la esperanza de contagiar lo poco que me queda de la Raquel Navideña a los pequeños de casa, habrá arbolito, nacimiento y regalos, porque lo más sabroso de estas fiestas es la carita de los niños cuando reciben sus regalos.

Sin embargo, tengo muy presente que este año va a ser particularmente duro para el ánimo festivo, no van a levantar las restricciones para estas fiestas, en mi familia somos pocos los que nos podemos reunir, pero superamos el máximo permitido, de juntarnos superamos los 14 participantes y además todos estamos repartidos entre Galicia, Cataluña, Canarias y Madrid así que alegar convivencia en 70 metros cuadrados con cuatro perros además… no creo que eso cuele…

Disculpen los puristas mi negatividad, pero la vengo arrastrando aproximadamente desde el 2012 cuando la navidad se vio golpeada por la mediocridad, la política, la crisis económica y la inseguridad en aquellos rincones de mi nostalgia, ya para el 2014, cuando nos mudamos definitivamente, el choque de ver como celebran aquí las fiestas aplastó un poco más mi ánimo; mi ex y su familia tampoco ayudaron mucho. Lo que hizo que mi ánimo no se esfumara del todo fue la llegada de mi terremotico, le dio fuerza a mi alma duende y junto a mi familia es quien me sostiene lo «Navideña».

Este año no me voy a amargar la vida, decoraré, cocinaré, habrá música y juegos, y a falta de apretujarnos en casa cantando “Entre que caben 100” entre familia y amigos habrá videollamadas.

Vayan avisándole a mi Yaya que olvide la parte de los tacones, el maquillaje y las lentejuelas, la videoconferencia será en pantuflas y pijama, con copa de vino en la mano. Para el año nuevo más de lo mismo, en vez del pijama rosa felpudo, será azul y cava en lugar de vino, para reyes el modelito gris de ositos polares; todos abrigaditos, holgados, suavecitos, y poco favorecedores, eso sí, con pendientes…no quiero que me desherede por hombruna…

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