Adiós 2020 Adiós…

No sé si me atreva a hacer balance de este año y contar los logros alcanzados, lo cierto es que hoy 31 de diciembre, es más lo que hay que reflexionar y ver con otros ojos, que llenar la famosa y tonta lista de objetivos y deseos con chorradas para dejar a medio hacer.

En definitiva, me dejaré de boberías y no agregaré a la lista bajar los kilitos que subo después de estas fiestas, tampoco agregaré eso de hacer más ejercicio para lograr las medidas perfectas y entrar en dos tallas menos, definitivamente queda descartado viajar y ver mundo, ya ni hablemos de cambiar coche, esta vez dedicaré esa lista a otras cosas.

Por ejemplo, a agradecer a la providencia por mi familia: pequeña, ruidosa, loca, atípica y peleona, por seguir siempre unidos, aunque nos separe la distancia y poder contar con ella tanto en las buenas como en las malas. Por los amigos, con las mismas razones, por estar allí en las buenas y en las malas, agradeciendo que me envíen largo al carajo cuando mis hormonas joden, pero que me llamen después para saber si vuelvo a estar cuerda y dispuesta a reírme con ellos así sea por videollamada.

Doy gracias por la salud y me retracto de lo dicho al considerar en un comienzo, a esta peste, como una gripe más, hoy en día queda claro que un pequeño virus puede más que un ejército, colapsa no solo personas, puede poner contra las cuerdas a un planeta entero política, social y económicamente.

Doy gracias a todos los que han arriesgado sus vidas en el cumplimiento del deber, sin importar la tarea o la profesión que han ejercido, desde los médicos, sanitarios, policías, militares, científicos, pasando por toda la cadena (que es muy larga y variopinta) hasta los más humildes como los camioneros, los taxistas, el personal de limpieza y los repartidores en bicicleta, que han seguido al pie del cañón ayudando como pueden y con lo que tienen para que esto no se fuera todo en buen castellano “a la mierda”. De mi parte queda el compromiso de seguir poniendo mi grano de arena y ser responsable para no entorpecer tan dura tarea.

Quedo decepcionada al confirmar que nunca saldremos del caos que vivimos con los políticos que tenemos, ninguno de ellos (no importa el color o la tendencia) moverá un dedo por el bien común, aquí solo les interesa ocupar una silla y forrarse, carecen de vergüenza, la nobleza y la dignidad que ostentan no es de cuerpo, ni de alma, es un papelito que tienen colgado en algún despacho y que les acredita un cargo o una rancia enredadera de jubilados y muertos que se la han currado antes que ellos. Votaré por el menos malo del lote, dando garantías que tengo una terrible alergia a los extremistas.

Me despido con dolor de aquellos que no pudieron resistir y cayeron ante este virus, sin importar edad, condición, sexo, profesión o religión, esperemos que su partida no quede en el olvido y que podamos sanar la herida por el vacío que dejan, de los abrazos perdidos y de las despedidas que quedaron pendientes. Un abrazo cálido y lleno de buena intensión a sus familias.

Enhorabuena aquellos que lograron sobrevivir, ya lo peor paso y lo que queda es salir adelante, pero prepárense, que lo que viene tiene cuesta y muy empinada; aquí sí es verdad que se deberá arrimar el hombro dejando a un lado vanidades y postureos, se necesitará mucha creatividad y mucha disciplina para salir juntos de esto. Deberemos pensar más en cercanías, en vecinos, en nuevas formas de ver las cosas, y en nuevas formas de hacer negocio, en poner orden y concierto.

Daré la bienvenida al 2021, rezando porque sea más llevadero, más fácil de transitar y que nos permita alcanzar aquellos objetivos a corto plazo que debamos trazar para tener un futuro más digno, próspero y feliz. La vacuna es solo parte de la solución, pensar que una vez puesta, todo será color de rosa seria un insulto a todo por lo que hemos pasado y un claro indicio de no haber aprendido nada.

Este es uno de los momentos en que agradezco que el pasado no regresa, porque un año como el 2020, no es cosa fácil.

Mis mejores deseos para quienes lean esto, que el 2021 les resulte con creces mejor que el año que dejamos atrás, que podamos sumar en todo lo bueno y restar en todo lo malo. SALUD, paz y prosperidad a todos.

Autor : Raquel Rodríguez F.

Mapa de maravillas

«Vienen tiempos interesantes» dicen los chinos cuando el futuro es revuelto, oscuro y tormentoso, pero, las cosas pasan por algo y hay que aprender de ello.

De china no solo viene esta pandemia que nos trae a todos de cabeza, también un llamado de atención por lo que le hacemos a nuestro entorno, y también una lección de disciplina y conciencia grupal, de esto último (disciplina y consciencia grupal) aun nos falta mucho por asimilar. Si hacemos un resumen, este virus no es el único culpable de la debacle que se nos cierne, es solo quien nos ha quitado la venda de los ojos y ha expuesto nuestras debilidades y nuestros descuidos como sociedad.

Sin entrar en detalles por los cuales puedo ser catalogada de anarquista y quemada como una bruja por hereje, desviaré mis argumentos a horizontes menos violentos y más optimistas, pues, pese a que el 2020 ha sido una mierda, aun se puede aprender mucho de él y sacarle partido a lo que te rodea, ayudando además a tus vecinos más cercanos.

Uno de los fuertes de España, donde vivo ahora, es el turismo, y el 2020 ha resultado un año demoledor para muchos, se ha reducido a mínimos insostenibles las visitas y el consumo; viajar esta complicado, el miedo y el riesgo al contagio es real. De los asiáticos debemos aprender y crearnos nuestro mapa de maravillas, aquí, en nuestras cercanías, visitar y redescubrir tu hogar.

Aunque suene a que debo cambiar de camello o dejar eso que me estoy fumando, todos, absolutamente todos vivimos en un rincón del mundo lleno de lugares desconocidos, hermosos, con magia, mucha historia y con gente que vive y quiere mostrar estas maravillas, pero que no puede hacer el suficiente ruido para ser visibles en el mapa sin ayuda.

Puedo dar un ejemplo, donde resido ahora: Galicia, es una comunidad autónoma bastante peculiar, ella esta llena de grandes tesoros y de una historia rica y variada, pero no es tan conocida, pues, aparte de su capital Santiago de Compostela es poco lo que se ha promocionado de ella con la fuerza que merece. No esta llena de grandes ciudades cosmopolitas como lo son Madrid o Barcelona, sin embargo, les cuento que esta caja de sorpresas guarda verdaderas maravillas, más allá de visitar al santo, y comer hasta caer sentados.

Galicia es un joyero con cuatro compartimientos fabulosos, cargados de una riqueza histórica que va desde los celtas, pasando por los romanos, los suevos y hasta nuestros días.

Sus capitales son tan diferentes como curiosas, cargadas de una fuerte identidad, festivales fabulosos y rincones interesantes en sus periferias que pueden visitar sin problemas con un coche.

Solo Ourense, tiene a menos de 45 minutos de la capital, no menos de cincuenta o sesenta lugares que ver, villas que conservan dignamente su pasado medieval, monasterios de los siglos XII, XIII y XIV escondidos en rincones increíbles, miradores que te quitan el aliento, viñedos emplazados en lugares que dan vértigo, una gastronomía abundante, variada y exquisita.

La lista sigue y se extiende, pero me desviaría del objetivo. Así que retomemos; pese a que soy alguien inquieta y curiosa, debo admitir que este tema de la pandemia me dejo el miedo en el cuerpo y que veo difícil que viaje más allá de Galicia al menos hasta que me logre poner la vacuna.

¿Se animan y me cuentan que tal sus tesoros cercanos?

Texto y Foto: Raquel Rodríguez Ferré

Te veo venir «Soledad»

Aunque la canción de Franco de Vita toca un tema diferente, y es una de mis favoritas, lo cierto es que la presencia de la dama que ostenta este nombre con tanta contundencia, está cada día más presente a todo nivel y no dejo de recordar el estribillo.

Esta señora es un miedo, de los grandes, de los más básicos de nuestra especie, y no hablo de perder el móvil, no llevar el atuendo perfecto, perderte la novela turca de la tarde, el programilla de chismes con aroma a fruta o el partido de la Champions… No; esta doña se las trae, ella solita ha hecho tanto o más daño que el mismísimo Covid y tiene tanta historia como nosotros en este mundo; es musa en infinidad de canciones, pinturas, esculturas, ni hablar de su protagonismo en múltiples obras literarias.

Se llama Soledad y no, no es una señora de edad avanzada, aunque hubo una época en que colocarles a las niñas nombres tan poco sutiles estuvo de moda (los hay peores, pero no vienen al caso hoy).

Si hablamos del COVID como lo que es, una enfermedad de cuidado, también deberíamos hablar de Soledad, un sentimiento y una circunstancia cada vez más fuerte, extensa y por qué no, PANDÉMICA, lo es, se le puede calificar de enfermedad y al igual que un virus, no discrimina edad, sexo, condición social o raza.

Ya llevan hablando de ella como algo preocupante desde hace años, pero siempre queda como algo lejano, algo que solo sufren los ancianos, los pueblos de la España vacía y los corazones rotos. Yo se lo que es tenerla cerca, a veces la agradeces, pero cuando se instala a vivir contigo y ser parte de tu día a día, te enfermas, la soledad viene acompañada de tristeza, y durante este año nos ha dado un duro ejemplo de su poder; a mi me hace falta mi familia, mis amigos y hasta mis vecinos. Puede que la tecnología ayude a mitigar su poder conectándonos y dándonos la posibilidad de vernos, pero el calor humano, el contacto, el compartir hace mucha falta, las conexiones, los lazos, el no tener miedo a la cercanía.

No saben cuánto ansío que llegue la vendita vacuna y poder dar fin a esta locura, para que el estribillo de la canción no sea tan agudo, que vuelva a ser simplemente nostálgico, un recuerdo, una canción…

Todos sabemos de alguien que esta solo, ¿por qué no llamarles y decirles que lo tienes presente, conversar un ratico con esa persona, hacer que no se sienta tan indefenso?, más en estos días tan sensibles, no digo visitarle o llevártelo a una feria (que no podemos) pero hay muchas maneras de hacerles sentir que no esta con esa señora tan fría, que hay esperanzas y que tiene compañía.

SIGUE, ESTO ES UNA NOVELA AMOL…

Esta zona de la ciudad en sus buenos tiempos no formaba parte de ella, era una ciudad satélite a las afueras de Caracas; con casas de arquitectura moderna, edificios de diseño de no más de cinco pisos, calles amplias, ajardinadas, muy de las décadas de os 50’s y 60’s. 

El Centro comercial, donde estábamos, fue construido en la década de los 90’s cuando la zona fue absorbida por la ciudad: se ubica en una zona poco edificada, mal iluminada, cerca de una redoma amplia que distribuye a cuatro direcciones diferentes. Es un edificio de diez pisos: cinco de oficinas y cinco de comercios, con todos los servicios: restaurantes, tiendas, cine, una pequeña sala de teatro, automercado, un instituto de idiomas, una escuela de baile, y una sede de la escuela de negocios de la UCAB…  Sin embargo, no son buenos tiempos, aunque sigue siendo una buena zona, también es cierto que ya nadie está seguro, conducir solo en la noche, después de la hora punta, es peligroso.

Mis amigas y yo salimos de clases, más tarde de lo habitual, en el centro comercial, casi todas las tiendas estaban cerradas, lo único abierto era el supermercado y los tres restaurantes.  Si hubiésemos culminado la clase una hora antes, de seguro estaríamos saliendo del pequeño bistró, en dirección al sótano, pero esta vez no hubo tiempo…

El sótano donde aparqué el auto, como era de esperar, estaba casi vacío, no superaba la decena de vehículos, el mío estaba cerca de la rampa de salida, solo, bajo uno de los pocos focos que funcionaban. Subimos al automóvil y las acompañé a donde habían estacionado ellas, la idea era salir todas juntas de allí, conducir hasta la redoma; Al llegar a esta me separé de la pequeña caravana y tomé la calle que lleva a Caracas, conducía rauda por la vía y aunque no había tráfico estaba muy pendiente por si había una alcabala o si alguien salía de algún estacionamiento. Estaba inquieta, era tarde, la calle sola, oscura, había llovido y me encontraba cansada, solo quería llegar a casa, pero el trayecto de 10 minutos se me hacía eterno. El móvil comenzó a sonar, de seguro era de casa para saber porque me tardaba en llegar.

Repentinamente, de un matorral detrás de una parada de autobús a oscuras, salen sombras que se lanzan a la calle a toda carrera, clavé los frenos y detuve el auto a pocos centímetros de dos hombres, que caen al asfalto. Uno de ellos, policía, levanta al otro y lo arroja sobre el capó del auto.

Confundida y asustada, a punto de gritar, tanteé buscando la palanca de cambios, para arrancar nuevamente, pues no me importaba llevarme por delante a aquel par pues aquí uno no se fía de uniformes, tienes más miedo a la policía que al hampa común, pero no lograba encontrar la marcha.  El móvil comenzó a sonar nuevamente en mi cartera y fue en ese instante cuando del matorral salieron dos policías más, pistola en mano, y a la carrera, apuntando en dirección a la pareja que peleaba enfrente mío, mientras uno de ellos gritaba – PARATE COÑO – a la vez que sentí nuevamente un golpe en el capó.

El otro policía, que quedo en la acera, nos ve y grita – Tranquilos, tranquilos, todos tranquilos – bajó el arma y caminó hasta el auto haciendo señas para que continuara, pero, sus dos compañeros seguían en frente a mi coche, esta vez en el piso, sobre el malandro, tratando de colocarle las esposas.

El móvil vuelve a sonar, entre la sorpresa y el terror, paralizada, solo podía ver a aquel policía quien se acercaba lentamente al automóvil por mi lado, se detuvo a un metro de la puerta, iluminado por el faro y me vuelve a decir, esta vez con una sonrisa en el rostro – Tranquila mamita, tranquila, esto es una novela amol, ya la escena salió, sigue sin problema – haciendo el gesto de que continuara.  Levanto la vista y en el retrovisor avisto la patrulla, detenida justo detrás mío, quien gentilmente me hace cambio de luces sin tocar corneta, ni activar las sirenas. Lentamente, volví a buscar la palanca de cambios, mareada y temblorosa logro meter la marcha, mientras veo como sus dos compañeros levantan al tercer hombre y lo llevan nuevamente a la acera.

Sin pensar, y rezando porque no escucharan el móvil que seguía sonando, pongo en marcha el auto y lentamente, paso al lado del oficial quien se despide con su mejor sonrisa. Al llegar al siguiente farol encendido, acelero haciendo un ruido infernal y no me detengo hasta llegar a la siguiente rotonda en donde reduzco lo suficiente para subir por la rampa del edificio y detengo el coche a milímetros de la puerta del garaje. La puerta abre más lento que nunca y entro, sin esperar a que cierre me dirijo a mi puesto, apago el auto y abro la puerta.

Llueve nuevamente, debo bajarme y caminar hasta la entrada del edificio, pero el susto no me permite levantarme; el móvil suena en la cartera insistentemente – están asomados en la ventana, me ven llegar y aun así insisten – cuando voy a atender la llamada, ya con el alma nuevamente en el cuerpo, me salta a las piernas el gato del conserje quien, como cada tarde al llegar del trabajo, me viene saludar. Salte del asiento, totalmente muda, abrazada a aquel animalillo peludo que trataba de zafarse de mis brazos asustado por mi brusquedad. Consciente de haberle asustado comencé a acariciarle hasta que se calmó, y lo bajé al suelo. Cerré la puerta y caminé lentamente bajo la lluvia, hasta la entrada, pero unos metros antes de la puerta reparé en que no llevaba ni la cartera, ni la cena; fastidiada, deshice mis pasos, abrí nuevamente el auto y saqué lo que olvidé; el móvil seguía sonando con insistencia en la cartera.

Entre al edificio, totalmente empapada, mientras buscaba el bendito móvil que no dejaba de sonar, pero ya estaba en casa, mojada asustada y con una historia difícil de creer.

Para el proyecto del curso de Domestika
Pulimos una historia que tenia tiempo en un borrador

Reunión de amigas

Hace tiempo decidí migrar de país por razones de seguridad y de calidad de vida, lo cierto es que, no fue una decisión fácil de tomar, y el tiempo vivido fuera de la tierra que me vio nacer y crecer, aunque cumple con muchas de mis expectativas y la calidad de vida ha mejorado muchísimo, tengo mucha nostalgia.

Migré a la tierra de mis padres y abuelos, sabia que no era un lugar fácil y que migraba en no muy buena época, sin embargo, agradezco la recepción y la acogida, me he adaptado muy bien a mi nuevo hogar.

Pero la nostalgia, el clima y las dificultades hacen que uno extrañe los días felices, el trabajo en aquella oficina, el grupo de amigos que se hizo allí, las reuniones caseras los fines de semana, las parrilladas de cumpleaños en casa de los amigos.

Gracias al cielo, existe la tecnología y con el confinamiento pues descubrimos que podíamos replicar esas reuniones, a lo mejor ya no son fiestas de contribución, donde todos traen algo para el festín, a lo mejor no habrá pista de baile o parrilla, pero si hay amigos, en este caso amigas.

De esa oficina conservo un grupo muy animado de amigas, nos solíamos reunir para matar el estrés, probar nuevas recetas, cumpleaños, etc. Las llamé a principios de Julio y coordinamos un primer encuentro, y desde entonces ha funcionado bien, hasta ahora nos reunimos una vez al mes, para hablar zoqueteadas y reírnos un rato.

A veces en las que no todas podemos conectarnos a la vez, porque migramos a distintos países, con diferentes usos horarios, y aparte, todas hicimos una vida allí donde estamos, tenemos familia y obligaciones; pero hay una constante, las que estamos ese día en la reunión, lo pasamos de lo lindo, nos reímos y nos tomamos algo mientras conversamos.

Migrar no es fácil, y si hay algo en lo que todas estamos de acuerdo es que el país que extrañamos y llamábamos hogar, ya no existe, que la nostalgia no se ira de nuestros corazones y que nos preocuparemos siempre por lo que pase allí.

No se ellas, pero a mi me hace falta estas reuniones, me mitigan la tristeza, a mi nunca se me hizo tan difícil hacer nuevos amigos como aquí, si a eso le sumamos todo lo que trae la pandemia en el orden de restricciones me siento aun más aislada, estas amigas son mi puente con lo bueno que añoro.

Chicas (ellas saben quienes son) gracias por estar allí. Nos vemos en Google Meet la semana que viene, esta vez lleven vino y reserven su trocito de pastel porque nos quedamos hasta tarde…

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