Televisión vacía

Si tienes tiempo libre y no quieres ocuparlo en un buen libro o en otras actividades, ya sea por simple flojera, no que queda más remedio que caer el en televisor, es lo más cómodo, pero de unos años al presente dista mucho de ser educativo y sano entretenimiento; salvo programas muy puntuales donde si se hace un esfuerzo por entretener, informar y educar todo a la vez, lo que resalta es la gran cantidad de canales que lo único que emiten es una patética imagen de lo que somos como sociedad.

No es la primera vez que toco el tema, siempre me ha llamado la atención que los programas de mayor ranking sean aquellos que exponen una flácida imagen de lo que somos, y en vez de destacar nuestras autenticas fortalezas, le damos más valor a aquello que deberíamos considerar descartable.

Yo sigo preguntándome ¿cómo es posible que tenga fama y sea admirado alguien cuyo único atributo sea ser cabeza hueca, falso y cotilla? Para mí es un horror saber que los programas de mayor interés son aquellos donde se cuentan los trapos sucios, propios y de los demás ( la lista de incordios es infinitamente larga, no me voy a explayar en eso). Díganme los programas donde te meten en una isla o en una casa con otros diez, falsamente aislados pasando de cara al público las de Caín, para que sea un todos contra todos y luego se reclamen por ser infieles, horteras y traidores.

Ahora está de moda la gente que se junta para ver si hacen pareja, vamos, ¡¡¡que llega cada espécimen que no deja duda alguna del porque está solo en el mundo y lo juntas con otro de igual carga magnética… y Olé!!!

Lo que nos están vendiendo es a ser vacíos, superficiales, falsos y poco éticos, nos están adiestrando para ser así, porque según ellos es lo ideal, lo correcto… ¿Eso es lo que debe aprender nuestra juventud?, ¿Eso es lo que aprendieron nuestros ancianos y por eso lo disfrutan tanto? Porque la franja de hora en la que emiten estos programas es la más sensible, es la que ve el grupo más vulnerable (abuelos y niños) ¿Debemos ser tontos y sumisos? Si eso nos venden, ¿Por qué luego exigen que seamos emprendedores, dinámicos y geniales?

Hay canales que hacen un esfuerzo por aliviar esta tendencia y lanzan programas que buscan estimular algo más allá de la miseria mental, sin embargo, no es suficiente, no son mayoría… Si a todo le hacen retransmisión, por qué en esa franja de horario “muerto comercialmente” pero importante como sociedad.

Otra, y ya para cerrar mi queja, ¿cómo es posible que los canales infantiles tengan tanta publicidad? Si son canales infantiles debemos educar en valores, en información útil para el futuro, no en crear consumidores patológicos y sin control… Siete minutos de publicidad entre bloques de treinta minutos de programa, no es educación, es adiestramiento y aparte está orientado a géneros muy concretos (niños o niñas) con actitudes muy concretas: consumo y belleza para niñas, violencia y acción para niños, publicidad orientada a productos educativos, entretenimiento familiar y productos sin género (para todos) no supera el minuto en ese lote de siete y son expuestas en franjas de horario de poco ranking.

No me extraña que debas recurrir a la TV de pago o a plataformas como Netflix, si quieres entretenimiento de calidad y sin publicidad, no lo vas a encontrar en la TV abierta.

Dietas Milagro: Peligrosos cantos de sirena.

Dieta, esa palabra por lo general va relacionada con esquemas rígidos que te dicen qué debes comer, cuándo y cómo, todo con el fin de estar siempre estupendo y vestir en tallas idealizadas con el fin de mantener la juventud por más tiempo. A veces son tan rígidas que se convierten en sentencias de sufrimiento y restricciones, pero prometen que en poco tiempo obtendrás los resultados tan anhelados sin mayor esfuerzo.

La gran mayoría de ellas las califican de milagrosas y vienen en revistas del corazón, de belleza o del tipo de autoayuda y vida sana, todas van acompañadas con la foto de la muchachita perfecta, flaquísima, vistiendo un modelito divino y maquillaje impecable y natural. Con las revistas también están los libros de gurús e influencers que avalados con “estudios científicos” y aderezados con historias y mitos de variado origen y calibre, te invitan a seguir su plan para estar divino. Este tipo de dietas pret a porter, son muy generalizadas, dejan por fuera muchos factores que suelen ser los que realmente hacen efectivo esos planes a largo plazo y que varían según la persona.

Por ello si lo que se desea es estar sano y en un peso ideal, se recomienda ir a un especialista, médico nutricionista para crear una rutina de alimentación y actividad física que permita a mediano y largo plazo obtener los beneficios deseados de manera personalizada y sin tanto cuento, ni tantos límites, donde prevalezca la variedad y el equilibrio para no generar cansancio y antojos que rompan la rutina y renuncias.

La salud no se mide únicamente en kilos, existen factores que van más allá del peso y que resultan más importantes como los índices de masa muscular, retención de líquidos o grasa acumulada; son objetivos que no se alcanzan en una semana o en un mes.

Algo que, si debe acompañar siempre a los planes de nutrición, es la actividad física, ahora bien, esta debe ser acorde al ritmo de vida y a la resistencia, porque siempre partimos de mínimos y esto lo determina índice de masa muscular. Comenzar machacándose en un gimnasio o pretendiendo correr kilómetros si nunca lo has hecho, no tiene sentido, es mejor comenzar por metas más realistas.

Lo ideal es no caer en cantos de sirena y buscar resultados mágicos, obtener un ideal social no siempre se adapta a la naturaleza del cuerpo que habitamos y sin ayuda profesional lo que comienza en una aventura para alcanzar la belleza se convierte en una pesadilla.

Adiós 2020 Adiós…

No sé si me atreva a hacer balance de este año y contar los logros alcanzados, lo cierto es que hoy 31 de diciembre, es más lo que hay que reflexionar y ver con otros ojos, que llenar la famosa y tonta lista de objetivos y deseos con chorradas para dejar a medio hacer.

En definitiva, me dejaré de boberías y no agregaré a la lista bajar los kilitos que subo después de estas fiestas, tampoco agregaré eso de hacer más ejercicio para lograr las medidas perfectas y entrar en dos tallas menos, definitivamente queda descartado viajar y ver mundo, ya ni hablemos de cambiar coche, esta vez dedicaré esa lista a otras cosas.

Por ejemplo, a agradecer a la providencia por mi familia: pequeña, ruidosa, loca, atípica y peleona, por seguir siempre unidos, aunque nos separe la distancia y poder contar con ella tanto en las buenas como en las malas. Por los amigos, con las mismas razones, por estar allí en las buenas y en las malas, agradeciendo que me envíen largo al carajo cuando mis hormonas joden, pero que me llamen después para saber si vuelvo a estar cuerda y dispuesta a reírme con ellos así sea por videollamada.

Doy gracias por la salud y me retracto de lo dicho al considerar en un comienzo, a esta peste, como una gripe más, hoy en día queda claro que un pequeño virus puede más que un ejército, colapsa no solo personas, puede poner contra las cuerdas a un planeta entero política, social y económicamente.

Doy gracias a todos los que han arriesgado sus vidas en el cumplimiento del deber, sin importar la tarea o la profesión que han ejercido, desde los médicos, sanitarios, policías, militares, científicos, pasando por toda la cadena (que es muy larga y variopinta) hasta los más humildes como los camioneros, los taxistas, el personal de limpieza y los repartidores en bicicleta, que han seguido al pie del cañón ayudando como pueden y con lo que tienen para que esto no se fuera todo en buen castellano “a la mierda”. De mi parte queda el compromiso de seguir poniendo mi grano de arena y ser responsable para no entorpecer tan dura tarea.

Quedo decepcionada al confirmar que nunca saldremos del caos que vivimos con los políticos que tenemos, ninguno de ellos (no importa el color o la tendencia) moverá un dedo por el bien común, aquí solo les interesa ocupar una silla y forrarse, carecen de vergüenza, la nobleza y la dignidad que ostentan no es de cuerpo, ni de alma, es un papelito que tienen colgado en algún despacho y que les acredita un cargo o una rancia enredadera de jubilados y muertos que se la han currado antes que ellos. Votaré por el menos malo del lote, dando garantías que tengo una terrible alergia a los extremistas.

Me despido con dolor de aquellos que no pudieron resistir y cayeron ante este virus, sin importar edad, condición, sexo, profesión o religión, esperemos que su partida no quede en el olvido y que podamos sanar la herida por el vacío que dejan, de los abrazos perdidos y de las despedidas que quedaron pendientes. Un abrazo cálido y lleno de buena intensión a sus familias.

Enhorabuena aquellos que lograron sobrevivir, ya lo peor paso y lo que queda es salir adelante, pero prepárense, que lo que viene tiene cuesta y muy empinada; aquí sí es verdad que se deberá arrimar el hombro dejando a un lado vanidades y postureos, se necesitará mucha creatividad y mucha disciplina para salir juntos de esto. Deberemos pensar más en cercanías, en vecinos, en nuevas formas de ver las cosas, y en nuevas formas de hacer negocio, en poner orden y concierto.

Daré la bienvenida al 2021, rezando porque sea más llevadero, más fácil de transitar y que nos permita alcanzar aquellos objetivos a corto plazo que debamos trazar para tener un futuro más digno, próspero y feliz. La vacuna es solo parte de la solución, pensar que una vez puesta, todo será color de rosa seria un insulto a todo por lo que hemos pasado y un claro indicio de no haber aprendido nada.

Este es uno de los momentos en que agradezco que el pasado no regresa, porque un año como el 2020, no es cosa fácil.

Mis mejores deseos para quienes lean esto, que el 2021 les resulte con creces mejor que el año que dejamos atrás, que podamos sumar en todo lo bueno y restar en todo lo malo. SALUD, paz y prosperidad a todos.

Autor : Raquel Rodríguez F.

Reunión de amigas

Hace tiempo decidí migrar de país por razones de seguridad y de calidad de vida, lo cierto es que, no fue una decisión fácil de tomar, y el tiempo vivido fuera de la tierra que me vio nacer y crecer, aunque cumple con muchas de mis expectativas y la calidad de vida ha mejorado muchísimo, tengo mucha nostalgia.

Migré a la tierra de mis padres y abuelos, sabia que no era un lugar fácil y que migraba en no muy buena época, sin embargo, agradezco la recepción y la acogida, me he adaptado muy bien a mi nuevo hogar.

Pero la nostalgia, el clima y las dificultades hacen que uno extrañe los días felices, el trabajo en aquella oficina, el grupo de amigos que se hizo allí, las reuniones caseras los fines de semana, las parrilladas de cumpleaños en casa de los amigos.

Gracias al cielo, existe la tecnología y con el confinamiento pues descubrimos que podíamos replicar esas reuniones, a lo mejor ya no son fiestas de contribución, donde todos traen algo para el festín, a lo mejor no habrá pista de baile o parrilla, pero si hay amigos, en este caso amigas.

De esa oficina conservo un grupo muy animado de amigas, nos solíamos reunir para matar el estrés, probar nuevas recetas, cumpleaños, etc. Las llamé a principios de Julio y coordinamos un primer encuentro, y desde entonces ha funcionado bien, hasta ahora nos reunimos una vez al mes, para hablar zoqueteadas y reírnos un rato.

A veces en las que no todas podemos conectarnos a la vez, porque migramos a distintos países, con diferentes usos horarios, y aparte, todas hicimos una vida allí donde estamos, tenemos familia y obligaciones; pero hay una constante, las que estamos ese día en la reunión, lo pasamos de lo lindo, nos reímos y nos tomamos algo mientras conversamos.

Migrar no es fácil, y si hay algo en lo que todas estamos de acuerdo es que el país que extrañamos y llamábamos hogar, ya no existe, que la nostalgia no se ira de nuestros corazones y que nos preocuparemos siempre por lo que pase allí.

No se ellas, pero a mi me hace falta estas reuniones, me mitigan la tristeza, a mi nunca se me hizo tan difícil hacer nuevos amigos como aquí, si a eso le sumamos todo lo que trae la pandemia en el orden de restricciones me siento aun más aislada, estas amigas son mi puente con lo bueno que añoro.

Chicas (ellas saben quienes son) gracias por estar allí. Nos vemos en Google Meet la semana que viene, esta vez lleven vino y reserven su trocito de pastel porque nos quedamos hasta tarde…

Cuestión de Responsabilidad

Este va a ser un articulo muy corto, realmente es una reflexión y una propuesta. A medida que llegamos al final del año vemos con más animo la llegada de la vacuna y el final de esta etapa tan difícil, lo que no significa que podamos regresar a nuestra antigua realidad; muchas cosas han cambiado y pretender continuar donde lo dejamos (en marzo) es simplemente imposible.

Falta poco para que lleguen las navidades y el gobierno intenta buscar un alivio a los confinamientos y restricciones, honestamente no veo cómo, relajar ahora, no me parece prudente, no somos China o Japón, la disciplina, la conciencia de sociedad y la responsabilidad colectiva no se nos da muy bien a los occidentales, aunque la mayoría hacemos un esfuerzo enorme por cumplir con lo que se nos exige, siempre existe el grupito que se cree inmune, inmortal y casi divino, esos que son exageraciones o que a ellos no les va a pasar, esa minoría que por lo “general” (Siempre) patean la mesa y lo estropean todo con su “brillo”.

Si queremos tener unas navidades más o menos decentes en familia, mantener a la baja los números de contagio, hospitalizaciones y muertos, debemos poner todos de nuestra parte, usar las mascarillas, lavarnos las manos, y seguir con las directrices que nos han impuesto, son un incordio, pero funcionan.

¿Y el año que viene? pues, resistir y no enloquecer, esperar a saber las instrucciones para vacunarnos y vacunar a nuestros abuelos e hijos (No hacerlo, la verdad, no me resulta prudente). Yo incluso daría un paso más, y adoptaré a la mascarilla, como una prenda regular para cuando esté enferma, porque mis gripes y resfriados no tengo porque compartirlas con el resto de los mortales.

Simple cuestión de responsabilidad, no solo como individuo, también como miembro de una comunidad, en eso si emularé a los orientales, porque cuando están resfriados o enfermos y no pueden quedarse en casa, utilizan la mascarilla para minimizar el impacto, ellos no andan por allí a lo Hamlet preguntándose si se vacunan o no, se preguntan ¿hay vacuna? pues dame fecha y hora, que allí voy… ¿Quién me sigue?

Una Navidad Diferente…

Ya se nos fue la fiesta del Magosto y el Samaín, ahora lo que viene, según calendario, es Navidad, Año Nuevo y Reyes… Con la que nos ha caído, honestamente, ambiente festivo no hay, ni que alumbren las calles como si fuera Vigo o las Vegas.

Tengo años sintiendo que la magia se diluyó, ya no me huele a navidad y las ganas de decorar no son las de antes. Decoraré porque hay niños en casa y no quiero que pierdan la ilusión, formando parte de la familia Grinch.

Prometo hacer el momento del decorado en casa un juego, el día de navidad hornearemos galletas para tropecientos y prepararemos algo rico, guardo la esperanza de contagiar lo poco que me queda de la Raquel Navideña a los pequeños de casa, habrá arbolito, nacimiento y regalos, porque lo más sabroso de estas fiestas es la carita de los niños cuando reciben sus regalos.

Sin embargo, tengo muy presente que este año va a ser particularmente duro para el ánimo festivo, no van a levantar las restricciones para estas fiestas, en mi familia somos pocos los que nos podemos reunir, pero superamos el máximo permitido, de juntarnos superamos los 14 participantes y además todos estamos repartidos entre Galicia, Cataluña, Canarias y Madrid así que alegar convivencia en 70 metros cuadrados con cuatro perros además… no creo que eso cuele…

Disculpen los puristas mi negatividad, pero la vengo arrastrando aproximadamente desde el 2012 cuando la navidad se vio golpeada por la mediocridad, la política, la crisis económica y la inseguridad en aquellos rincones de mi nostalgia, ya para el 2014, cuando nos mudamos definitivamente, el choque de ver como celebran aquí las fiestas aplastó un poco más mi ánimo; mi ex y su familia tampoco ayudaron mucho. Lo que hizo que mi ánimo no se esfumara del todo fue la llegada de mi terremotico, le dio fuerza a mi alma duende y junto a mi familia es quien me sostiene lo “Navideña”.

Este año no me voy a amargar la vida, decoraré, cocinaré, habrá música y juegos, y a falta de apretujarnos en casa cantando “Entre que caben 100” entre familia y amigos habrá videollamadas.

Vayan avisándole a mi Yaya que olvide la parte de los tacones, el maquillaje y las lentejuelas, la videoconferencia será en pantuflas y pijama, con copa de vino en la mano. Para el año nuevo más de lo mismo, en vez del pijama rosa felpudo, será azul y cava en lugar de vino, para reyes el modelito gris de ositos polares; todos abrigaditos, holgados, suavecitos, y poco favorecedores, eso sí, con pendientes…no quiero que me desherede por hombruna…

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Habemus Vaccinum

Al fin, se está viendo la salida a este túnel… Ahora falta que exista dosis para todos y no nos contagiemos de aquí al momento en que nos toque, mientras, seguiremos en esta “nueva realidad” al estilo de Eugène Ionesco o de Samuel Beckett.

Pero hay esperanza, dos dosis que te generan un 90% de protección, que, aunque algunos digan que no es suficiente, a mi me viene de perlas, porque supera el 40% que implica llevar la latosa mascarilla, los negocios cerrados, la falta de oportunidades y esta encerrona casi penitenciaria, a tener nuevamente vida social, ver a mi familia y reactivar el pulso que nos mantiene vivos.

Habrá que esperar a que el año próximo lleguen las dosis, desde ya les aviso que no te la ponen por tu linda cara, sabemos como se bate el cobre; esto lleva prioridades y el orden lógico sería inmunizar primero:

A los sanitarios que lo de llevar mascarilla y trajes espaciales les debe tener ya más que saturados. Esos que día a día deben lidiar con pacientes y familiares, esos que por muy curtidos que estén, deben sentirse fatal cuando se les muere un paciente, esos que llegan cansados y asustados a sus casas con esa espada de Damocles encima.

Al personal de emergencia, entiéndase aquellos que deben poner orden y tratar con verdaderos tarados mentales que aun piensan en fiestas y noches locas, con la mascarilla de taparrabo; esos pobres policías, bomberos y personal de riesgo (incluye trabajadores de residencias de ancianos) que bastante crudo se lo han tragado ya, viendo como su esfuerzo se les aplaudió en la primera vuelta y ahora en la segunda los miran feo porque deben hacer su trabajo.

Una vez cubierto los que nos cuidarán vendrían las personas vulnerables como embarazadas y abuelos… Estemos claros que si la lógica y no las puntadas de culo son quienes deben marcar las directrices, tardará en llegar el turno para los demás mortales, simple, no hay para todos en la primera tanda, con todo y pinchazos, la mascarilla llegó para quedarse, con ella sus cuatro reglas que seguirán conviviendo con nosotros.

Así que no empujen que no hay baranda; si ya tenemos casi un año en este tango a medio pelo, otro medio año o año y medio igual llegamos.

Lo importante es que por fin Habemus Vaccinum y es algo que debemos celebrar…

El Teletrabajo: mito y realidad de trabajar remoto..

El teletrabajo es un término que actualmente tiene mucha repercusión en España, pero no es una modalidad nueva de trabajo, tiene más de 25 años en el mundo, en sectores como el informático, científico o financiero son muy comunes.

Desde que se desató la pandemia, con las cuarentenas y restricciones, esta modalidad laboral ha pasado de ser un caso poco común a algo más frecuente y con miras a arraigarse con fuerza. Como todo tiene su lado bueno y su lado mas bien oscuro, es prudente hablar de los grandes mitos que se crean sobre esto para asumir con los pies en la tierra, algo que llegó para quedarse.

El teletrabajo es mucho más que mudar tu oficina a la casa, hay que cumplir con ciertas reglas para que funcione y seas productivo, por un lado, puede resultar muy cómodo, pero también puede resultar un quebradero de cabeza.

No es una modalidad de trabajo que se adapte a todos los entornos, ni a todos los profesionales, hay que tener una capacidad de organización y muchísima disciplina.

Te obliga a estar al día en todo lo que te rodea, tanto en información, como en tecnología, y comunicación, pero también te permite trabajar desde varios entornos, no simplemente desde un puesto de trabajo dentro de una empresa.

Es verdad que ahorras un dinero en traslados y dietas trabajando desde casa, pero gastas más en servicios como luz y teléfono, también se incrementa la cuenta en el super.

Igual, aunque el entorno resulte más relajado, debes vestirte para trabajar, no es bueno descuidar la indumentaria; por un lado, te ayuda a entrar en “modo profesional” y mantenerte alerta y concentrado, por otro lado, evitas dar una mala imagen, porque puede resultar muy divertido que te pillen en chándal y pantuflas al levantarte durante una videoconferencia, pero te ves poco profesional y repercute negativamente.

Puede que estés en casa, pero, si no cuentas con un sitio exclusivo para trabajar no resulta muy cómodo. Lo recomendable es contar con un espacio tranquilo y funcional que te permita asumir que estás trabajando. Ese lugar ideal debe contar con buena iluminación, una buena superficie de trabajo para colocar tu portátil, tu móvil, y lo que necesites para trabajar, una silla cómoda y para las videollamadas aportar un escenario neutro, para reforzar el aspecto profesional. Si no cuentas con un sitio así en casa y solo necesitas de un portátil para trabajar, puedes recurrir a zonas de coworking, lugares que están habilitados con puestos modulares que te facilitan lo básico para tus necesidades de espacio y tranquilidad, los hay gratuitos y de pago y hay que reservar con tiempo.

Es mentira que trabajas solo cuatro u ocho horas, lo cierto es que muchas veces no resulta fácil saber cuántas horas inviertes, sobre todo en los comienzos, es muy frecuente que le dediques más tiempo y superes la jornada de ocho horas. Entre las alertas que debes considerar tener activas aparte de las reuniones y llamadas, están los tiempos de descanso como el almuerzo y la hora de salir. Parece absurdo y muy obvio, pero en el esquema tradicional de trabajo, la sinergia del entorno te avisaba cuando había que salir a comer, o cuando terminaba la jornada, siempre había algo que te indicaba en que momento del día estabas, con el teletrabajo esa percepción del tiempo suele ser diferente.

Y hablando de tiempo, aunque ahorres en desplazamientos y cuentes con más tiempo, algo que te invita a relajar un poco, sigues teniendo un horario, debes ser igual de puntual y riguroso que en el modo tradicional, es mentira que, si llegas tarde, con terminar después de hora compensas, tampoco puedes ausentarte para hacer recados sin avisar y dentro de tu horario laboral, pues puede que el entorno sea más relajado, pero debes cuidar tu imagen profesional.

Es verdad que te da más margen para la conciliación familiar, pero hay que tener mucha disciplina y delimitar bien los momentos en familia de los laborales, si trabajas directamente desde casa, no es fácil cuando tienes niños pequeños, o si la familia es numerosa, tampoco cuando el espacio en el que trabajas no es exclusivo para esa tarea.

Es una modalidad de trabajo algo solitaria, no compartes espacio con tus compañeros de trabajo, la comunicación con ellos es vía email, telefónica o por videollamada. El trato no es directo, ni se generan lazos de la misma manera y con la misma facilidad que compartiendo un espacio común. Sin embargo, tiene su lado interesante y divertido cuando tienes que trabajar con compañeros en otras ciudades o países, porque las limitaciones geográficas ya no son tan rígidas, puedes trabajar en una empresa de Madrid estando en Coruña, Burgos o Tenerife, de la experiencia aprendes mucho.

Para la empresa es un ahorro en espacio físico, en servicios básicos como la electricidad, en mobiliario y equipos, pero, salvo que seas autónomo, los equipos y el mantenimiento de estos para hacer tu trabajo deben ser asumidos por la empresa.

Como comento es una modalidad laboral que llegó para quedarse; es un nuevo esquema de vida, con sus reglas, que son engañosamente simples, pero igual requieren compromiso y otra visión del concepto de profesionalidad, sociedad y educación. Es un cambio interesante que promete muchas mejoras, pero debe enfocarse correctamente para dar resultados y no es algo que deba asumirse con miedo o timideces, hay que estudiar y documentarse bien antes.

Un Samaín mustio.

Triste si, pero no hay cómo hacerlo diferente, porque entre pitos y flautas, de la pandemia no hay noticias de mejora, los números de contagios siguen subiendo y las alternativas de reunirnos con familia y amigos para que los niños (pequeños y grandes) jueguen y disfruten quedaron con suerte para otra ocasión.

Aquí no es Halloween sino Samaín, aunque no es mucha la diferencia en el modo de celebrarlo. Este año pretendía disfrazar a mi familia y salir a la calle para pasear, reírnos un rato, asustarnos con los disfraces de los vecinos, asar castañas y en la noche hacer una fiesta de pijamas, contar cuentos de fantasmas, brujas y pasarlo bien durmiendo en la sala con los niños en colchones inflables, nada de buscar dulces tocando de puerta en puerta, gritando truco o trato. La calabaza será una lámpara igual, luego será parte del pastel que hago en cada Samaín, capaz y nos disfrazamos para tomarnos unas fotos y mandarlas al WhatsApp de la familia, pero hacer el paseo a Allariz a ver a las brujas y los fantasmas, correr cuando desfile la Santa Compaña… Este año no, mucha gente y aparte estamos aún confinados.

Mi esperanza es que para cuando nos dejen, mi hijo deje de hacerse el tímido y se sume a la loca de su madre, disfrazado, a la aventura de cazar hombres lobo, brujas y fantasmas con más razón y memoria, para que tenga recuerdos de una infancia feliz y muy divertida.

Otoño, mi estación favorita

Otoño, maravilloso otoño, época en que toda la naturaleza se tiñe de amarillo, naranja, rojos y marrones, cuando el clima deja de ser agobiante para tornarse fresco y agradable, como me gusta el otoño.

Pasear por el bosque y pisar las hojas secas, ver como las viñas se tiñen de amarillo y rojo, el sonido de la brisa y las hojas que caen.

Esta época fantástica en que comienzan a estar listas las calabazas y las castañas están a punto para recolectarlas, el olor al asarla… Nunca pensé que me gustarían tanto, mis abuelos hablaban siempre de lo mucho que extrañaban un buen puré de castañas acompañando un guiso, no supe lo que decían hasta que llegué aquí y las probé.

Otoño para mi era solo una estación de referencia, pues vivía en el trópico, para mí, los olores del otoño comenzaban en octubre con los primeros dulces de lechosa, con olor a, melaza canela y clavo, cuando dejaba de llover y comenzaban los atardeceres coloridos pero no mucho más, porque también era la época cuando el Ávila comenzaba a teñirse de morado (una belleza) pero, justamente la hierba que teñía la montaña, dejaba enfermo a medio mundo por las alergias que provocaba. Ahora que vivo en un país con cuatro estaciones no dudo en decir que es mi estación favorita; así nostálgica, colorida, húmeda y fresca, pero fresquito sabroso, fresco que no te cala en los huesos, sino que te invita a tomarte un té con especias, un chocolate caliente, un biscocho de nueces, una sopa…

Época de guisos, sopas y platos de cuchara…si, dije sopa, no me miren raro, ahora me gustan.

Me gustan todas las estaciones, cada una tiene su encanto y su magia, pero como el otoño…Noooo lo mío es el otoño.

Autor: Raquel Rodríguez Ferré
Fotografía: Claudio Olivares Medina en Pexels

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