SIGUE, ESTO ES UNA NOVELA AMOL…

Esta zona de la ciudad en sus buenos tiempos no formaba parte de ella, era una ciudad satélite a las afueras de Caracas; con casas de arquitectura moderna, edificios de diseño de no más de cinco pisos, calles amplias, ajardinadas, muy de las décadas de os 50’s y 60’s. 

El Centro comercial, donde estábamos, fue construido en la década de los 90’s cuando la zona fue absorbida por la ciudad: se ubica en una zona poco edificada, mal iluminada, cerca de una redoma amplia que distribuye a cuatro direcciones diferentes. Es un edificio de diez pisos: cinco de oficinas y cinco de comercios, con todos los servicios: restaurantes, tiendas, cine, una pequeña sala de teatro, automercado, un instituto de idiomas, una escuela de baile, y una sede de la escuela de negocios de la UCAB…  Sin embargo, no son buenos tiempos, aunque sigue siendo una buena zona, también es cierto que ya nadie está seguro, conducir solo en la noche, después de la hora punta, es peligroso.

Mis amigas y yo salimos de clases, más tarde de lo habitual, en el centro comercial, casi todas las tiendas estaban cerradas, lo único abierto era el supermercado y los tres restaurantes.  Si hubiésemos culminado la clase una hora antes, de seguro estaríamos saliendo del pequeño bistró, en dirección al sótano, pero esta vez no hubo tiempo…

El sótano donde aparqué el auto, como era de esperar, estaba casi vacío, no superaba la decena de vehículos, el mío estaba cerca de la rampa de salida, solo, bajo uno de los pocos focos que funcionaban. Subimos al automóvil y las acompañé a donde habían estacionado ellas, la idea era salir todas juntas de allí, conducir hasta la redoma; Al llegar a esta me separé de la pequeña caravana y tomé la calle que lleva a Caracas, conducía rauda por la vía y aunque no había tráfico estaba muy pendiente por si había una alcabala o si alguien salía de algún estacionamiento. Estaba inquieta, era tarde, la calle sola, oscura, había llovido y me encontraba cansada, solo quería llegar a casa, pero el trayecto de 10 minutos se me hacía eterno. El móvil comenzó a sonar, de seguro era de casa para saber porque me tardaba en llegar.

Repentinamente, de un matorral detrás de una parada de autobús a oscuras, salen sombras que se lanzan a la calle a toda carrera, clavé los frenos y detuve el auto a pocos centímetros de dos hombres, que caen al asfalto. Uno de ellos, policía, levanta al otro y lo arroja sobre el capó del auto.

Confundida y asustada, a punto de gritar, tanteé buscando la palanca de cambios, para arrancar nuevamente, pues no me importaba llevarme por delante a aquel par pues aquí uno no se fía de uniformes, tienes más miedo a la policía que al hampa común, pero no lograba encontrar la marcha.  El móvil comenzó a sonar nuevamente en mi cartera y fue en ese instante cuando del matorral salieron dos policías más, pistola en mano, y a la carrera, apuntando en dirección a la pareja que peleaba enfrente mío, mientras uno de ellos gritaba – PARATE COÑO – a la vez que sentí nuevamente un golpe en el capó.

El otro policía, que quedo en la acera, nos ve y grita – Tranquilos, tranquilos, todos tranquilos – bajó el arma y caminó hasta el auto haciendo señas para que continuara, pero, sus dos compañeros seguían en frente a mi coche, esta vez en el piso, sobre el malandro, tratando de colocarle las esposas.

El móvil vuelve a sonar, entre la sorpresa y el terror, paralizada, solo podía ver a aquel policía quien se acercaba lentamente al automóvil por mi lado, se detuvo a un metro de la puerta, iluminado por el faro y me vuelve a decir, esta vez con una sonrisa en el rostro – Tranquila mamita, tranquila, esto es una novela amol, ya la escena salió, sigue sin problema – haciendo el gesto de que continuara.  Levanto la vista y en el retrovisor avisto la patrulla, detenida justo detrás mío, quien gentilmente me hace cambio de luces sin tocar corneta, ni activar las sirenas. Lentamente, volví a buscar la palanca de cambios, mareada y temblorosa logro meter la marcha, mientras veo como sus dos compañeros levantan al tercer hombre y lo llevan nuevamente a la acera.

Sin pensar, y rezando porque no escucharan el móvil que seguía sonando, pongo en marcha el auto y lentamente, paso al lado del oficial quien se despide con su mejor sonrisa. Al llegar al siguiente farol encendido, acelero haciendo un ruido infernal y no me detengo hasta llegar a la siguiente rotonda en donde reduzco lo suficiente para subir por la rampa del edificio y detengo el coche a milímetros de la puerta del garaje. La puerta abre más lento que nunca y entro, sin esperar a que cierre me dirijo a mi puesto, apago el auto y abro la puerta.

Llueve nuevamente, debo bajarme y caminar hasta la entrada del edificio, pero el susto no me permite levantarme; el móvil suena en la cartera insistentemente – están asomados en la ventana, me ven llegar y aun así insisten – cuando voy a atender la llamada, ya con el alma nuevamente en el cuerpo, me salta a las piernas el gato del conserje quien, como cada tarde al llegar del trabajo, me viene saludar. Salte del asiento, totalmente muda, abrazada a aquel animalillo peludo que trataba de zafarse de mis brazos asustado por mi brusquedad. Consciente de haberle asustado comencé a acariciarle hasta que se calmó, y lo bajé al suelo. Cerré la puerta y caminé lentamente bajo la lluvia, hasta la entrada, pero unos metros antes de la puerta reparé en que no llevaba ni la cartera, ni la cena; fastidiada, deshice mis pasos, abrí nuevamente el auto y saqué lo que olvidé; el móvil seguía sonando con insistencia en la cartera.

Entre al edificio, totalmente empapada, mientras buscaba el bendito móvil que no dejaba de sonar, pero ya estaba en casa, mojada asustada y con una historia difícil de creer.

Para el proyecto del curso de Domestika
Pulimos una historia que tenia tiempo en un borrador

¿QUIÉN DIJO QUE ESCRIBIR ES FÁCIL?

Escribir ni es fácil ni es algo a ser tomado a la ligera, cuando uno publica en Internet se expone, así sea diciendo lo que piensas en un blog personal que muy pocos visitan, el que diga lo contrario es un mentiroso cruel, porque hasta el escritor más leído y el periodista más aclamado te dice que escribir es una disciplina dura que te obliga a escribir y escribir para alcanzar la perfección y que en muchos casos es difícil.

La inspiración, eso que llamamos musas, como dice Serrat viven de vacaciones la mayoría de las veces y suelen dejarnos colgados de la brocha y con el ordenador en blanco, con un único cursos titilando esperando a que le des al teclado cual pianista a ver que sale, solo que, lo que sale no puede ser discordante y decir que es moderno, descontructivista o dadá, vamos a estar claros esas chorradas se las dejamos a los artistas plásticos que cualquier pegote le llaman arte si esta sujeto a un buen concepto,  por demás bien redactado y convincente.

Lo que si tiene de bueno escribir es que te hace pensar antes de verter todo lo que te frustra o te inspira, te obliga a darle orden y concierto a tus ideas, una coherencia y una lógica, te obliga a revisar una y otra vez (si eres responsable) lo que escribes y no solo revisas la redacción, también la ortografía, por eso esbueno redactar y guardar para luego revisar (cosa que a veces no hago) antes de publicar, no sea que se nos escape un hombre sin H o una vaca con B.

Un blog es una responsabilidad aun mayor, porque, aunque creas que nadie te va a leer, lo cierto es que existen personas, así como esta su servidora, que por motivos laborales le da por navegar en la red para averiguar como es este mundo y entre las cosas que lee, pues se ha escapado uno más que otro artículo con cada cosa escrita que da repeluz; como mínimo ten en cuenta que te ven al menos diez sujetos al año, cuiden lo que se escribe y se publica, uno nunca sabe que futuro jefe te va a leer, capaz y ese hombre sin H existe y se ofende porque su nombre esta en minúscula.

Yo comencé este blog como parte de un proyecto de trabajo, necesitaba familiarizarme con la herramienta y poder sobrevivir a los nuevos tiempos, no me quejo, aprendí a utilizar la herramienta, le perdí el miedo inicial a la tecnología, también resulto algo divertido y des-estresante, si me lo tomo como debe ser, como algo serio, constante y con sentido, ya la cosa se pone peliaguda y nada simple.

Admiro a quienes día a día están en el deber de escribir, comentar y generar contenido escrito que cumple con el más grande de los objetivos en comunicación: Mantener el interés del lector, hacerle pensar, hacerle imaginar, poner a funcionar esas neuronas desconocidas y que exista vida en esas cabezas.

Quien diga que es fácil y menosprecie la labor, la disciplina y el esfuerzo de quienes día a día crean una historia, cuentan una noticia o desarrollan un articulo, debería estar en frente de un ordenador y pasar por el trance que pasan muchos escritores y redactores cuando esas funcionarias llamadas musas les da por irse de paseo, así sin más, dejándote con la responsabilidad de entregar un articulo o dos al final del día. La de compañeros de trabajo que he visto dejarse la piel por un texto urgente y sin inspiración, no hay café, ni música que les ayude cuando el hambre de inspiración esta presente, pocas cosas generan tanto desasosiego como el ordenador en blanco, el cursos titilando, mientras en sus cabezas rueda la inconfundible bola de pasto en el árido desierto.

En un intento por entenderlos (y en un ejercicio para drenar mi ya curada depresión) comencé este blog, mi blog, que dista mucho de ser perfecto, y de seguro no lo lee mas que los diez gatos que están como yo navegando la red aburridos y en busca de ese «no se qué», pero que esta allí, guindado en la red, soportando las chorradas que escribo en él de vez en cuando, chorradas que por cierto me cuestan una barbaridad en escribir, porque pese a todo, quiero hacerlo, como poco, medianamente bien, y quiero colgar algo que sea, al menos, útil para alguien desconocido que cae por accidente aquí, lea esto y se anime a escribir sus chorradas y libere sus temores, sus sueños o sus opiniones sin importar el que dirán.

Mis respetos a quienes hacen del escribir una profesión, ellos quienes ejercitan el musculo de la redacción hasta llevarlo a ser algo digno.

Aquí sigo yo, en mi laboratorio de chorradas, esperando que de vez en cuando cuelgue algo bueno que merezca ser leído, pido disculpas si me cargo una que otra letra, perpetro uno que otro crimen de lesa-gramatical, pues, como dijo un muy querido amigo mio: «la escritura se aprende así, leyendo que jode y escribiendo chorradas para luego leerlas, morirte de vergüenza y seguir adelante corrigiendo tus errores».

 

SOMBRA (cuento presentado a concurso en mayo de 2013)

ranchosUstedes que están leyendo esto aun están entre los vivos; pero yo, desde hace rato pase al barrio de la sombras. Ocurrirán muchas cosas y se descubrirán bulda de secretos, pasarán muchos años más antes que uno de ustedes vea esto escrito. Cuando lo lean, muchos creerán que es mojón, otros dudarán y solo unos pocos encontrarán razones para echar coco a este mensaje mal escrito en el muro de este rancho, porque ya son pocos los que se atreven a pasar por aquí.

Ese año fue un año de terror y de sentimientos más allá de eso, sentimientos que no tienen nombre en esta tierra. Se dieron bulda de señales y sucedieron eventos que difícilmente se olvidan, sobre nosotros y más allá de los límites del barrio, la muerte se paseaba a sus anchas por toda la ciudad. Para aquellos que saben las ciencias de lo oculto, los caracoles revelaban que la cosa era color de hormiga, siniestra y bulda e’fea; para mí, el negro Guaramato y los demás, era evidente que ya había llegado el año de Ogún, donde los cuchillos, el plomo y el fuego abría paso a más miseria. Sin temor a estar equivocao, el panita Dios no solo se manifiesta en la tierra, también en las almas y en la imaginación, en el pensamiento de la ciudad.

En el barrio Cerro Grande, en un rancho e’bloques y cemento, nos hallábamos una noche siete de nosotros frente a una paila de guarapita roja, preparada con sangría, chinoto y aliñá con anís. No había otra entrada a este rancho que una puerta de hierro, hecha por el mejor herrero del barrio, el respetado Don Eusebio que tiene su taller en la entrada del barrio, calidad de puerta tenía muchas cerraduras entre ellas una diente e’perro que aseguraba bien el rancho. En la sombría sala, cortinas negras tapan nuestra vista de la luna, de las luces del barrio y de las calles que ahora están peladas; pero el presagio  y el recuerdo del mal seguían allí.

Estábamos rodeados por cosas que no son fáciles de explicar; cosas materiales y del más allá, la pesadez del aire, el sofoco, la ansiedad; y sobre todo esa terrible sensación que se siente cuando estas nervioso, cuando los sentidos están a millón, despiertos, mientras tus reflejos están aguevoneaos. Un peso muerto nos agobiaba. Caía sobre nosotros, sobre los muebles, los vasos en que bebíamos; todo lo que nos rodeaba daba depre, te espachurraba y te hundía; todo menos siete velas rojas y amarillas que iluminaban nuestra borrachera; pálidas e inmóviles ellas continuaban allí ardiendo y escurriéndose manchando los platos donde estaban puestas; y como un espejo el vidrio que cubría la mesa de madera donde nos sentábamos nos reflejaba nuestras caras, cansadas y trasnochadas. Sin embargo, reíamos y nos alegrábamos a nuestro modo – llenos de histeria-, y cantábamos rancheras – llenos de locura-, y bebíamos aunque la oscura guarapita nos recordaba a la sangre. Porque en aquella sala había otro de nosotros,  el joven Jhonny (Catire) Ochoa. Muerto y amortajao estaba acostao tan largo era, dentro de su caja, cubierto de hielo para evitar su descomposición mientras encontrábamos como pagarle el entierro. No participaba en nuestro boche. Pero su cara, desfigurada por las puñaladas recibidas ayer, y sus ojos donde la muerte sólo había apagado a medias el fuego de su agonía, parecían interesarse en nuestra alegría, como quizás los muertos se interesan en la alegría de los que van a morir. Y aunque yo, Gumercindo Guaramato, sentía que los ojos del muerto estaban fijos en mí, me obligaba a no detallar la amargura de su expresión, y mientras contemplaba fijamente mi cara reflejada en el vidrio de la mesa, cantaba en voz alta las canciones que fueron sus favoritas.

Poco a poco, sin embargo, las canciones fueron callando y sus ecos, fueron quedando mudas en las cortinas negras de la sala. De aquella tenebrosas cortinas, donde se perdieron los sonidos de nuestras voces, se desprendió una sombra profunda, una sombra como la que la luna del llano, cuando esta baja y llena, podría extraer de un hombre en una noche; pero ésta no era la sombra de un hombre, de una mujer o de un animal, ni de ninguna cosa conocida. Después de temblar un instante entre las cortinas de la sala, quedó, por fin, a plena vista sobre la puerta de hierro. No era una sombra de hombre, ni de mujer, ni de carajito, mucho menos de un animal. Parada allí sobre la superficie de la puerta, bajo el marco de la puerta, sin moverse, sin decir palabra, quedo allí inmóvil a los pies del joven catire amortajao y frio. Nosotros, los siete allí reunidos, al ver cómo la sombra se movía desde las cortinas, no nos atrevimos a verla de lleno, sino que bajamos los ojos y miramos desde el reflejo de la mesa. Al final yo, Gumercindo (Bachaco) Guaramato en voz muy baja, pregunté a la sombra cuál era su domicilio y nombre. Y la sombra contestó: <<Yo soy SOMBRA, y mi casa esta detrás del mercado La Hormiga, cerca a las oscuras planicies de Prados de María, cerca de La Barraca.>>

Los siete nos levantamos llenos de horror y permanecimos de pie temblando, pálidos, con el corazón parao; porque la voz de la sombra no era la de un solo ser, sino el de muchos seres, y, variando en sus voces de una sílaba a otra, penetraba en nuestros oídos con los dejes familiares y harto recordados de miles y miles de camaradas muertos.

…”En honor a Edgar Alan Poe”…

Nota: La foto fue tomada de la página cav.org.ve 

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