Retomando la lectura como placer

Leer, es quizás uno de los placeres que más beneficios trae, con menos efectos secundarios negativos para el cuerpo humano, salvo que se tome como defecto, que sea una actividad que eduque, amplíe horizontes, informe, abra la mente y haga pensar, cosa que últimamente no parece estar de moda y es incluso considerado como algo peligroso. No es un ejercicio físico que te deje estupendo, musculoso y bello pero también tiene su encanto.

Lamentablemente me he dejado llevar por las nuevas corrientes socioculturales y llevo una temporadita (demasiado larga) en que he tenido que dejar a un lado esta afición, pero viendo los efectos que hace esto a mi cerebro y a como me limita, trato de buscarme pequeños momentos para ver si leo al menos dos o tres capítulos de alguna novela de la pequeña pila que está en la sección de pendientes (comenzó con 3 libros y ya supera la docena).

Con la pandemia supuse que tendría tiempo, pero siempre me encuentro con algo que no me lo permite, siempre había algo que hacer, las excusas de siempre la verdad: limpiar, atender al niño, estudiar, hacer recados, cansancio acumulado… Pero también no tengo ánimo, tomo un libro y no llego ni a la décima página me cuesta muchísimo concentrarme. Tiene tantas cosas maravillosas y lo que ha sido para mí un placer ahora me resulta tedioso, llevo más de dos años que no leo a gusto, si antes, al año, leía de seis a ocho libros, ahora solo consigo terminar uno o dos; realmente es preocupante, he dejado de lado muchas cosas que me estimulaban y me mantenían activa: Ya no pinto, ya no fotografío, ya casi ni escribo y ni hablemos de leer. No hay excusa, salvo que me estoy dejando llevar por la depresión, por la realidad poco grata de estar confinada a causa de la pandemia, por la ausencia de oportunidades, por el cierre y la ralentización de todo en este planeta a causa del COVID y de una mala gestión a todo nivel.

Leer abre la mente, amplia tu capacidad de conversación, el vocabulario y sin mucho dolor también te enseña a escribir mejor; es para mí una manera de evadir un poco de la rutina cansina de buscar sin encontrar, de viajar sin gastar grandes fortunas, sin pedir permiso, sin llevar salvoconductos.

Debo retomar poco a poco esto que he dejado de lado, no me puedo dejar deprimir de esta manera y por ello me he trazado el objetivo de los ocho libros al año, si alguno me llega a gustar mucho, haré alguna reseña y la publicaré, espero los anime a acompañarme en esto, porque leer es un placer que no tiene límites más allá de acercarte a una biblioteca o librería y pillar algún titulo que te llame la atención.

Te veo venir «Soledad»

Aunque la canción de Franco de Vita toca un tema diferente, y es una de mis favoritas, lo cierto es que la presencia de la dama que ostenta este nombre con tanta contundencia, está cada día más presente a todo nivel y no dejo de recordar el estribillo.

Esta señora es un miedo, de los grandes, de los más básicos de nuestra especie, y no hablo de perder el móvil, no llevar el atuendo perfecto, perderte la novela turca de la tarde, el programilla de chismes con aroma a fruta o el partido de la Champions… No; esta doña se las trae, ella solita ha hecho tanto o más daño que el mismísimo Covid y tiene tanta historia como nosotros en este mundo; es musa en infinidad de canciones, pinturas, esculturas, ni hablar de su protagonismo en múltiples obras literarias.

Se llama Soledad y no, no es una señora de edad avanzada, aunque hubo una época en que colocarles a las niñas nombres tan poco sutiles estuvo de moda (los hay peores, pero no vienen al caso hoy).

Si hablamos del COVID como lo que es, una enfermedad de cuidado, también deberíamos hablar de Soledad, un sentimiento y una circunstancia cada vez más fuerte, extensa y por qué no, PANDÉMICA, lo es, se le puede calificar de enfermedad y al igual que un virus, no discrimina edad, sexo, condición social o raza.

Ya llevan hablando de ella como algo preocupante desde hace años, pero siempre queda como algo lejano, algo que solo sufren los ancianos, los pueblos de la España vacía y los corazones rotos. Yo se lo que es tenerla cerca, a veces la agradeces, pero cuando se instala a vivir contigo y ser parte de tu día a día, te enfermas, la soledad viene acompañada de tristeza, y durante este año nos ha dado un duro ejemplo de su poder; a mi me hace falta mi familia, mis amigos y hasta mis vecinos. Puede que la tecnología ayude a mitigar su poder conectándonos y dándonos la posibilidad de vernos, pero el calor humano, el contacto, el compartir hace mucha falta, las conexiones, los lazos, el no tener miedo a la cercanía.

No saben cuánto ansío que llegue la vendita vacuna y poder dar fin a esta locura, para que el estribillo de la canción no sea tan agudo, que vuelva a ser simplemente nostálgico, un recuerdo, una canción…

Todos sabemos de alguien que esta solo, ¿por qué no llamarles y decirles que lo tienes presente, conversar un ratico con esa persona, hacer que no se sienta tan indefenso?, más en estos días tan sensibles, no digo visitarle o llevártelo a una feria (que no podemos) pero hay muchas maneras de hacerles sentir que no esta con esa señora tan fría, que hay esperanzas y que tiene compañía.

Un paseo inquietante

Ya sea por la mañana o por la tarde, diariamente procuro caminar a modo de ejercicio, nada que salga de los parámetros de alguien alérgico al deporte, pero tampoco como para que me reclamen por floja, digamos que eso de mantenerse activo es verdad y es una manera de controlar el peso.

Suelo caminar haciendo varios circuitos, porque, si hay algo que me quedó de vivir en una urbe como Caracas, es que no es prudente tener una única ruta para tus desplazamientos; pero este artículo no va de mis traumas, va de lo que veo cuando camino por la calle, la cantidad de locales cerrados, y como se incrementan en número al pasar los días o las semanas, algunos con cartel de lucha declarando que abrirán cuando el panorama mejore, otros con el cartel de próxima apertura, pero sin fecha definida, locales donde solo hay un papel cubriendo el escaparate sin más, y también quienes en definitiva tiran la toalla y dejan de luchar porque no es viable…

No se le puede culpar a la pandemia de todo lo que está pasando, este es un problema que ya tiene cola y una muy larga, no es fácil regentar un negocio y aunque te digan que existen mil millones de ayudas para que te sumes al universo de las pymes y autónomos, lo cierto es que, entre regulaciones, inversiones, políticas e impuestos, el margen de ganancia aquí es mínimo, las ayudas a la final son deudas que deberás asumir en el correr del tiempo, resulta muy difícil en el panorama actual, porque para muchos, simplemente se “está corriendo la arruga”, como soplan los tiempos actuales el futuro no promete para el comercio tradicional.

Mis paseos de todos los días, esos que deberían ser estimulantes, pasan a ser inquietantes, no se puede achacar lo que sucede a los cambios de horarios, las limitaciones de aforo y el miedo al contagio, lo cierto es que ella solo es un acelerante de algo que ya existía, que no es fácil de resolver con los viejos esquemas; cada tienda que se cierra representa un incremento en las tasas de desempleo y un impacto económico importante.

Por mi parte, trato de aportar mi grano de arena a esta lucha por resistir, ya no voy tanto a las grandes superficies, ahora compro más en los pequeños locales que tengo cerca, y aunque he acortado el gasto a mínimos (no gano, lo que ganaba antes)  he redescubierto el encanto de conocer al farmaceuta, al carnicero, al panadero y al mesonero del café de las mañanas, a esa pareja encantadora que me vende el periódico, a la señora de la frutería que adorna con mimo la tienda y coloca todo de tal manera que da gusto entrar…

Conozco los dos lados de esta realidad (Comercio / Cliente) y me inquieta lo que viene, pero conmigo pueden contar, solo espero que sean más los que se animen a conocer a estos vecinos que luchan día a día por sus sueños y por hacer de la calle un rincón grato para caminar.

No podemos esperar a que venga algún “iluminado” con la solución a algo que necesita de la comunidad…

Autor: Raquel Rodríguez Ferré

Un cuento de pelos…

Orson Welles hizo su debut en la radio con su versión transmitida del original literario de H. G. Wells «La guerra de los mundos» (1938) y sembró el pánico entre miles de oyentes, convencidos de que realmente se estaba produciendo una invasión de extraterrestres. Yo me acuerdo de él y del pánico que sembró entre su público, cada vez que barro mi casa.

¿Por qué?, pues por la masa de pelo de perro que sale de cada incursión con mi escoba o mi aspiradora. A ver, en un apartamento pequeño de 80m2 somos seis en casa, tres humanos y tres ejemplares del género Canis Domesticus, de diferente talla, color y pelo, mucho pelo.

Los tres son lo más noble y cariñoso que existe, nos hacen compañía y no dan guerra, pero, sueltan pelo, no tienen idea de la cantidad. Ese ritual de barrer se ejecuta a diario, incluso en dos o tres ocasiones, dependiendo de la época del año; y la cantidad de pelo que barro de cada cuarto da para rellenar un fardo más o menos grande.

Suena exagerado lo sé, pero quien tenga perros con mucho pelo sabrá de lo que hablo. Lo genial del día de hoy fue, concentrada en otras tareas, no barrí desde el viernes en la mañana, así que hoy en la mañana me dispuse a recoger el rastro capilar de mis peluches, la cantidad que saque era tan grande que podía pasar perfectamente por un ser, una masa amorfa, de color indefinido entre negro, caramelo, blanco y gris que volaba, etérea, cuando pasabas la escoba de los cuartos a la cocina.

En algún momento mientras buscaba la pala para recoger lo cosechado, me encontré a los tres perros mirando con curiosidad la enorme bola de pelo, se voltearon a verme como reprochando mi descuido por permitir que llegara a recolectar tal cantidad, se levantaron y se fueron, bordeando con cuidado aquel monstruo peludo…

Como me gustaría que supieran barrer, y poder hacer como el tío de aquel anuncio ecológico, regañando al perro para que conecte y empatice con el ambiente y con mis alergias.

Autor e Ilustración: Raquel Rodríguez F.

Madrid: El circo de los enanos gigantes

Y ciertamente el tema ya cansa, no me extraña que los madrileños pongan caras cada vez que les preguntas ¿Cómo están?, y es que si yo viviera allí no sabría qué contestar a una pregunta que debería ser simple. En mi humilde opinión, el tema del COVID se lo están tomando como arma arrojadiza entre políticos, no se ve un interés real para quienes viven en esa comunidad, en su salud o en su economía.

No me parece justo que exista este nivel de confusión, es tal el desorden que tienen, que ya no se sabe si allí quien gobierna, es el propio virus.  Muy a mi pesar Madrid se ha convertido en un triste circo donde los enanos son gigantes y los payasos no dan risa, como están gestionando la emergencia lo que están logrando es convertirles en los leprosos de España, poco falta para que deban llevar un distintivo.

El tema de Madrid y sus medidas para parar el virus está haciendo más daño, que el propio virus, y no se le ve fin, pero si una propagación en el resto del país con consecuencias, no solo internas, no me extraña que con este caos tardemos en recuperar el turismo pese a que llegue la vacuna. Si tenemos un gobierno que no sabe trabajar en equipo, que le resulta más importante quien manda (rojos, azules, verdes o morados) a cómo detener un virus, que se pelean en los juzgados, en vez de reforzar los hospitales y centros de salud…

Triste se ve el horizonte para esta comunidad y para el resto de nosotros. Lástima que quienes tengan que pagar su ineptitud sean los de siempre, la gente de a pie, los que tratan de hacer cumplir las normas y los que se están dejando la piel y su salud por cuidar la nuestra, los que tratan de trabajar y quienes tratan de mantener a flote sus sustentos dignos. Dejan claro que ellos viven en su circo, ajenos a lo que sucede fuera de su carpa, ellos seguirán creciendo y haciendo el tonto…

Autor: Raquel Rodríguez F.

La cordura en tiempos del COVID 19

Me declaro amargada, gruñona, anímica y creativamente frustrada.

Claustrofobia por naturaleza, soy de las que no estoy quieta en casa nunca, siempre me quejo de mi falta de tiempo para pintar, escribir, tejer, y estar en familia, y ahora que tengo el tiempo, porque este «bendito» virus nos tiene a todos presos en casa, estoy que me subo por las paredes, no tanto por la encerrona sino porque no he podido hacer nada.

Y no estoy vegetando en el sofá,viendo la vida pasar, no: He limpiado la casa enterita, he limpiado el sillón de la sala, he cambiado cuadros de sitio, cambié la ropa de invierno por la de entretiempo, he jugado con mi hijo, le he cortado el cabello, he limpiado el trastero, he cocinado, remendé una cantidad increíble de cosas… pero diseñar, escribir, leer, tejer o pintar… Pues no…

Me siento a escribir esos cuentos que llevo tiempo queriendo pasar de mi cabeza al papel y es que no me sale ni una letra, ni hablemos de la novela que dejé en el capítulo dos hace 6 meses o peor aún, los artículos para los blogs… grillos en mi cabeza es lo que tengo.

Me siento a pintar, con lo que me gusta a mi pintar, y tengo el pulso torpe, la mente más blanca que el lienzo y las ideas imposibles de visualizar. Ni hablemos de tejer, bordar, fotografiar, diseñar… Repentinamente me siento como Joan Manuel Serrat y esa canción que habla de amor, musas de vacaciones y techos por pintar… Ilusa yo, hice una lista de objetivos creativos a alcanzar durante esta cuarentena, objetivos que requieren tiempo y espacio vital para ser alcanzados.

Olvidé que no eran vacaciones, que no estaría sola y que los que viven conmigo necesitan también ser atendidos, más si tienen tres años y se aburren, porque no entienden que no pueden salir a jugar, ni a correr, ni a explorar, aunque el cielo este del azul más hermoso y el sol brille en todo su esplendor, con ese césped tan verde y florido…

Olvidé que para crear se necesita inspiración, y al no poder salir, no puedo buscar esa musa esquiva, que revolotea en mi ventana por escasos momentos para que la idea golpee en mi cabeza pero no lo suficiente como para desarrollarla, sino torpemente esbozarle o enunciarle en la libreta de «pendientes»…

Olvide que en tiempos así, las prioridades son otras y que para no perder la cordura y amargarse como un frasco de angostura, lo mejor es dejar fluir, dedicarte a tareas más mecánicas y concentrarte en otras prioridades más urgentes y menos líricas. La misión es salir de esto bien, sanos, cuerdos y con ganas de comerte el muno cuando te den el pistoletazo de salida de la cuarentena.

Fuerza, no queda otra, cada día que pasa es uno menos para el gran día.

EL SINDROME DEL ODIO

En un grupo de WhatsApp fui testigo de un nuevo altercado sin sentido y con consecuencias muy negativas para el colectivo al que pertenezco, por fortuna, somos más los que logramos contener el incidente, y no salió del chatear, pero es algo que invita a la reflexión y a tomar medidas por el bien de todos.

Lamentablemente es algo cada vez más frecuente, parte de la crisis por la que pasamos todos los que venimos de Venezuela, hablo del síndrome del odio. No es un caso aislado, se ve mucho entre quienes migran a otro país escapando de guerras y dictaduras, y si bien es algo comprensible por las penurias vividas y lo difícil que es adaptarse a un entorno diferente, a dejar atrás en muchos casos una buena vida, un negocio, o una profesión, lo cierto es que solo deja aflorar lo peor de la naturaleza del gentilicio.
No tiene sentido que interceptemos a alguien y le acusemos a gritos de traidor, es terrible que se le persiga y se le acose por el mismo motivo. ¿Qué ganamos haciendo algo así?

Ganamos afianzar la mala fama del latinoamericano por buscar problemas, de violento, ruidoso, grosero y de poco fíable. Ganamos que le despidan de su trabajo o le boten de su alquiler, pero también nos cierra la puerta a nosotros a esos trabajos y a una vivienda digna. Ganamos exponer a nuestros hijos al bulling, a que la gente nos tenga más desconfianza… ¿Eso es ganar?

Pongamos la cabeza fría y veamos algo que aunque duela, no es más que la realidad: Migramos, ya no vivimos en nuestro país, por lo tanto debemos hacer vida en un entorno con sus propias miserias y problemas, aquí el que te da trabajo no le va a importar si eres chavista u opositor, lo que le va a importar es que cumplas con tu trabajo y no des problemas. Aquí te vas a conseguir probablemente con la mala suerte de no encontrar trabajo en tu profesión, deberás trabajar en esos sectores que nadie quiere, ganando poco, trabajando mucho y con 50 o 100 como tu, esperando su turno.
Al que vive aquí poco le importa tus estudios, tus logros y tu inclinación política, ya sabe que no es la suya, que hablas diferente, que eres diferente y que vienes de un país al que no puedes regresar, al menos por un largo tiempo.

Les invito a la reflexión, a sanar ese odio, que solo trae problemas y cierra puertas y ventanas, las comunidades de tu país están abiertas para ayudar y sanar esas heridas, para que busquen un poquito de calor de hogar y para ayudarnos a destacar las cosas buenas de nuestro gentilicio. No nos pidan que les apoyemos en perseguir y castigar, las cacerías de brujas se terminaron allá por el siglo XVIII y murieron muchos inocentes en nombre de la justicia…

La justicia llegará y pagarán lo que deban pagar, no hagamos más difícil su llegada, vivamos en paz, ahora es momento de unir fuerzas para salir adelante y atender otras realidades que son, mas actuales, mas urgentes y con las que tendremos que vivir en adelante.

6 momentos de Reinventarse, una manera de perder el miedo

¿Cuántas veces no nos hemos visto en una mala situación y hemos tenido que ingeniárnoslas para salir adelante?, no por nada dicen que la creatividad es hija de la necesidad… ¿Cuántas veces ustedes no se han visto buscando un nuevo horizonte porque el suyo ya les queda chico o no les gusta?

No existen momentos en los que puedes seguir adelante sin cambiar, sin evolucionar, sin reinventarse, nos pasa a todos y en varias ocasiones a lo largo de nuestras vida, piénsenlo bien, no es algo nuevo.

Cuando se habla de comenzar de cero, de reinventarse, suena terrible, complejo y la verdad es, que no lo es. Resulta que nuestra vida está llena eso, desde que nacemos estamos en constante cambio para seguir adelante, no importa la edad, la condición social, el sexo, quién seas, si quieres vivir en sociedad debes evolucionar con ella; ahora bien, tú decides si quieres que sea traumático o no.

Aquí van seis ejemplos en los que uno se reinventa sin saberlo para seguir adelante:

La adolescencia: ese paso de la niñez a la edad adulta, en donde todos enloquecemos (tanto padres como hijos) tratando de comprender los cambios sociales, hormonales y físicos, del pobre que pasa por el trance.

En esta época (hagan un ejercicio de memoria), TODOS fuimos gruñones, huraños, ridículos y contestones, todos queríamos encajar en el grupo de amigos y ser los más populares, los juguetes eran para niños tontos, todo les daba vergüenza, y rabiábamos cuando nuestros padres nos pedían algo o nos mandaban, porque ya no éramos niños sino adultos… Pues les cuento, si ya tienen más de 21 años, felicidades, sobrevivieron a su primera reinvención.

Cambiar el colegio por la universidad: Ahhhh, esos meses felices en donde dejaste el colegio y comenzaste la universidad, solo para darte cuenta que no sabes absolutamente nada y para tu desgracia, no hay nadie pendiente de ti para que estudies y saques la carrera adelante, hagan memoria, que todos pasamos por allí, lo que haces depende enteramente de ti.

Si suspendes el primer semestre, al siguiente te vez buscando un trabajo para pagar carrera.

Son más los que al mes de estar en la universidad, les llega su dosis de realidad y buscan la manera de salir adelante, buscan trabajo, y oh milagro!!! entran en ese lugar prohibido y misterioso llamado biblioteca para estudiar en serio, porque la universidad es para adultos y ya no son niños…

Buscar tu primer trabajo: El trabajo, eso que tú haces a cambio de una maravilla llamada dinero, que te da un cierto grado de independencia, esa consola de video juego que tanto querias, te la compraste sin pedirle nada a nadie… vamos, hagan memoria, que TODOS recordamos lo que compramos o hicimos con nuestro primer sueldo. Yo me compré un anillo de plata, que aun utilizo, e invite a mi mamá a comer al restaurante que le gustaba para celebrar.

Ese primer sueldo uno nunca lo olvida, primero porque te hizo grande y segundo porque duro un suspiro.

Cambiar de trabajo: A todos nos ha pasado, o al menos al 90%; terminas la carrera y quieres ejercer lo que estudiaste, así que, buscas un empleo que se ajusta a tus nuevas necesidades. Otra variante: ya estás trabajando y no ganas lo que te gustaría; este ítem se presta para infinidad de casos.

Lo cierto es que tienes la necesidad de buscarte algo que te brinde un sustento y tu dosis de independencia, que una vez vivida, no quieres dejarla, es algo que sucede, y son pocos los que solo tienen un trabajo en su currículo, la necesidad de evolucionar y mejorar es algo inherente en el ser humano.

Convertirte en padre/madre: Un cambio radical créanme, te reinventas al 1000%, dejas de ser el espíritu libre que se acostaba cuando quería, que comía lo que le daba la gana, que viajaba a donde le parecía, ahora, te trasnochas por una cosita minúscula que llora porque tiene hambre (no por la fiesta), te conviertes en experto manejando material radioactivo (los pañales) , no te importa comer poco, mal y a ratos; haces en un día más ejercicio del que hiciste en un año de gimnasio, corriendo detrás del bebé que gatea directo al tomacorriente, a las escaleras o a la estantería de libros para subirse a ella.

Y por si eso no fuera suficiente te vuelves un preocupado crónico, porque no importa que tenga 1 año como si tiene 60, sigue siendo tu bebé…y ojo, ERES FELIZ!!!

Migrar: Este si es un cambio duro, radical y doloroso, vamos a estar claros, uno no se va de su tierra por gusto, ya sea por estudios, por necesidad, por seguridad o por la razón que sea, cambiar de país, es algo radical, debes adaptarte a un clima diferente, aun idioma diferente (incluso entre países con idioma común), costumbres diferentes, leyes diferentes, comida diferente. Cuando uno se va de la tierra que te vio nacer y crecer, la nostalgia se apodera de ti, llegas a extrañar cosas que en su momento hasta te parecían insignificantes.

Como verán reinventarse es algo natural, y podemos estar años dando ejemplos, cierto que son algo molesto, incomodo e inquietante, es verdad, pero nada que no se pueda asumir, teniendo la edad que sea, la profesión que tengas, la vida te invita a fluir con ella, solo date el tiempo para pensar ¿qué hacer? nosotros contamos con los recursos suficientes para salir adelante, y si no es así, los buscamos, solo hay que asumir el miedo y ponerlo de nuestra parte para ser cautos, no permitir que nos paralice, la vida y el éxito siguen adelante con o sin nosotros.

Les invito que vean el proceso de reinventarse como un juego, un reto, la aventura de mejorar y de mantenerse joven, si lo vemos así, créanme, tendrán menos migrañas, menos ulceras, el cielo será menos gris y dormirán un poco mejor.

CATALUÑA UNA BOMBA DE TIEMPO

No voy a decir mucho sobre el tema, la verdad es que no manejó mucho el tema por el tiempo que he vivido en el extranjero, pero lo poco que he visto, escuchado y leído del tema no me deja muchas ganas por una separación tal cual la están pidiendo.

Para comenzar, perdí mi derecho a votar aún siendo catalana, nada más por regresar a España y vivir en otro lugar diferente a la tierra de mis ancestros, el derecho me fue arrebatado por el simple hecho de no caer en la provincia por el trabajo.

La segunda razón por no estar de acuerdo con ese proyecto es simple, no me han dicho aún ¿cómo vamos a mantenernos fuera de España y fuera de la Comunidad Europea? ¿Cuál será nuestra moneda, ya que el Euro no va a ser, y la peseta era española? ¿Cuál es el DNI que voy a portar? Porque ya no será el español, ¿cuanto tardarán en darme mi nueva identificación? ¿Y La Seguridad Social, será el mismo que el Español? No lo creo, la infraestructura no debería ser la misma, aparte, ¿a quién le cotizaré, deberé comenzar de cero con mi registro para una pensión?.

Si se hace un referéndum y gana la separación, ¿qué paso con los catalanes que no votamos por no vivir ni trabajar en Cataluña, seremos Catalanes o Españoles? Supongo que españoles por no permitirnos votar al no estar en nuestra tierra… A ver, ¿quieren un referéndum? Bien, no estoy en desacuerdo, pero háganlo bien, no excluyan a los que no estamos en el territorio, y expliquen ¿Cómo carajo vamos a quedar en temas tan triviales y de poca importancia para ustedes como son: salud, fisco, identidad, y economía? ¿Qué pasara con los que trabajamos fuera del nuevo territorio nacional? ¿Qué pasara con aquellos catalanes que viven ahora en países bajo dictaduras como Venezuela y que no pueden salir? Temas que,como dije antes, son triviales y absurdos para quienes hablan sólo de separar pero no dicen como vamos a subsistir como nación.

Por lo pronto, mi humilde opinión, no lo están llevando bien, están dejando un montón de cabos sueltos y están engañando a la gente para lograr un fin a la que no le veo una salida justa, honesta y viable.

Son dudas razonables por parte de alguien que le duele la tierra de sus abuelos, padres y que cree también suya, no me gustaría una respuesta cargada de pasiones vacías y sin sentido, violentas e insultantes, si van a refutarme, por favor que sea con respuestas que estén razonadas, justificadas y viables, para mi en este momento el tema de la separación se esta convirtiendo en una bomba de tiempo con un potencial destructivo muy peligroso.

Por pendejadas más pequeñas se han desatado guerras muy feas y este tema, no es una pendejada, aquí se están jugando no sólo un estado, también la vida de sus ciudadanos dentro y fuera del territorio que quieren independizar.

DECISIONES DIFÍCILES… BUSCAR TU SUEÑO LEJOS DE CASA

Hace unos años, no muchos en verdad, comencé a ver como mis amigos poco a poco se fueron marchando, unos a Canadá, otros a Australia, otros a España, Inglaterra, Francia, Colombia y Estados Unidos, todos con un común denominador, en Venezuela ya no se sentían seguros ni con posibilidades de desarrollo.

A todos les respete su decisión, me despedí de ellos con mucha tristeza y debo confesar que en ese entonces no comprendía el motivo que les impulsaba a irse, yo en ese entonces había regresado de una estadía poco productiva en España y creía que migrar no era para mi. En ese entonces no estaba bien el país, de hecho estaba mal, pero siempre guarde las esperanzas de que mejoraría… Hoy esa Venezuela a la que ellos dijeron adiós ya no existe, y esta vez soy yo quién se va, soy yo quién dice adiós a los amigos, son ellos los que me ven y no se sí comprenden porque me voy.

Buscar un sueño en otras tierras no es fácil, no es algo que se decide en un café, en un restaurante o mientras trotas en el parque, quienes realmente se van, casi no hablan con nadie del tema, sopesan todos los pros y contras del paso que van a dar, quienes se van en serio, tienen un plan de vida por desarrollar y otro por sí la cosa no sale bien y aún así nos vamos con el miedo al fracaso. Quienes se van y lo anuncian a bombo y platillo por lo general regresan porque no se tomaron la empresa con la seriedad y el rigor que amerita tamaño de iniciativa, suplico no se molesten y evalúen, notarán que la empresa se presta a mucho romance (el pasto más verde es el del vecino, etc) pero una vez en ella hay temas que sólo se ven y se viven estando dentro del huracán y no desde afueras de todo se ve más fácil.

Comprendo a quienes se quedan, pues siempre esta la esperanza de hacer vida en donde naces, aplaudo a los valientes que deciden quedarse y seguir adelante, sólo les pido a ellos que respeten los motivos por los que muchos decidimos irnos, no es fácil explicar los motivos y mucho menos los malabares que hacemos para sentirnos un poquito en casa, muchos de ellos sólo se entienden cuando estas afuera y te alivian aunque sea por un segundo las añoranzas y las penas.

Sólo les puedo decir mis motivos para irme de la tierra de gracia: La salud de un familiar que requiere cuidados especiales que el país ya no brinda de manera digna, la seguridad social, jurídica y económica, que se han deteriorado a niveles intolerables, paz y tranquilidad que están tan escasos como el azúcar, la leche, la harina o el papel de baño.

Dejo atrás amigos que espero me sigan queriendo y escribiendo aunque sea por whatsapp, familia que espero me siga y nos reunamos en donde estoy ahora, y un país hermoso al cual voy a extrañar enormemente.

Valientes aquí somos todos, los que nos vamos y los que se quedan, a su manera todos asumimos retos y tenemos visiones diferentes, sólo hay que estar abiertos y no juzgar lo que el otro decide hacer.

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